metoo

Sobre el movimiento #MeToo, la respuesta de Margaret Atwood y las "cazas de brujas"

15:50


Hace un par de días, la novelista Margaret Atwood, conocida y celebrada por obras como The Handmaid's Tale (y mujer que, por cierto, ha influido enormemente en mi forma de entender y teorizar sobre la autocosificación y la mirada masculina), estuvo en el ojo de la polémica al publicar este artículo defendiendo su decisión de firmar, en 2016, una carta abierta que supuestamente defendía a Steven Galloway, profesor de la Universidad Británica de Columbia, que fue acusado de violación y posteriormente despedido (la carta, más bien, defendía que se hicieran públicos el informe y los razonamientos de la jueza que llevó el caso, y que dictaminó que Galloway era inocente), y siendo crítica -y quizás algo alarmista- con el rumbo que está tomando el movimiento #MeToo.

Creo que es importante que en estos casos, como feministas, en vez de indignarnos y cerrar los ojos, intentemos leer y entender bien lo que se nos está criticando y reprochando. Porque puede que estas críticas aporten, en algunos casos, puntos válidos e interesantes.

Hay que recordar, si criticamos el #MeToo, que ninguno de estos hombres va a ir a la cárcel sólo por las acusaciones en sí -para ello tiene que haber un juicio, una investigación-, lo que estamos viendo es un "juicio público" (al que siempre se nos ha sometido a nosotras: mentirosas por defecto). Si el precio a pagar para que se empiece a creer por fin a las mujeres y se pueda atajar la violencia machista es que haya algún caso excepcional en que un hombre pague la repercusión social de ser considerado maltratador o acosador sin serlo, ¿merece la pena? Esa es la pregunta.
Y hablamos de ser considerado maltratador y/o acosador por algunos (y, sobre todo, por algunas), no lo olvidemos. Nadie niega lo de Weinstein, lo de Spacey o lo de Louis C. Clark, entre otras cosas, porque ellos mismos lo han reconocido. Pero mucha gente defiende y seguirá defendiendo a Johnny Depp, a Woody Allen, incluso a Chris Brown.

Ahora, retomando el artículo de Atwood: me parece que lo que pretende, sobre todo, explicar por qué decidió firmar una carta abierta llamada UBC Accountable (explico más adelante en qué consiste) y cuál fue el razonamiento detrás de esa decisión. Más que criticar al #MeToo, cuyo origen entiende, critica aquello en lo que teme que podría convertirse. Y entiendo su razonamiento, hasta cierto punto puedo llegar a compartirlo, pero me parece detectar algunos "errores" (¿o trampas?) en la forma de plantearlo.

Para empezar me desagrada su forma de empezar el artículo: poniéndose sarcástica e hiperbólica y comparando las críticas comprensibles y legítimas que le han hecho feministas (otras no habrán sido tan legítimas) con la demonización y caricaturización que ha sufrido a manos de medios machistas. No, no es lo mismo. Y el "oh, vaya, qué mala soy" burlesco no aporta nada.

Más adelante adopta un tono un poco más serio y explica de qué va todo esto. Nos cuenta que Steven Galloway, antiguo catedrático del departamento de escritura creativa de la Universidad Británica de Columbia, fue acusado de violación, y que la universidad salió en los medios nacionales antes de que hubiera una investigación e incluso antes de que el acusado pudiera saber los detalles de la acusación. Según explica Atwood, antes de que el acusado pudiera saber más, se le obligó a firmar un acuerdo de confidencialidad. Dice que la opinión pública, incluyéndola a ella, se quedó con la impresión de que este hombre era un violador en serie violento, que todo el mundo tuvo carta blanca para atacarle públicamente y que, dado el acuerdo que había firmado, Galloway no podía decir nada para defenderse. "A esto siguió un aluvión de injurias".

"Pero después de una investigación llevada a cabo por una jueza que duró meses, con múltiples testigos y entrevistas, la jueza dictaminó que no había habido agresión sexual. Galloway fue despedido de todos modos. La asociación de su facultad lanzó una queja, que aún continua, y hasta que termine, el público no podrá tener acceso al informe de la jueza ni a su razonamiento a partir de la evidencia presentada."
"Fue entonces", dice Atwood, "cuando se supieron los detalles del defectuoso proceso de la UBC y nació la carta abierta UBC Accountable" (la carta que ella firmó).

"Una persona justa se abstendría ahora de juzgarle como culpable hasta que el informe y la evidencia estuvieran disponibles. Somos adultos: podemos pensar por nosotros mismos, de un modo u otro. Esto es lo que los signantes del UBC Accountable han defendido siempre."

Atwood se queja de lo que llama "la estructura 'acusado y por tanto culpable'", y creo que esto es lo que ha cabreado -legítimamente- a muchas feministas que han leído su artículo. Porque parece insinuar, como el posmachismo, que esto es lo que está ocurriendo en la actualidad con los hombres acusados de violencia machista, cuando la realidad parece indicar lo contrario, más si en vez de hablar de la opinión pública nos referimos a las instituciones. Recuerdo una vez más que los famosos que han sufrido repercusiones son generalmente aquellos que han reconocido que las acusaciones eran ciertas o han sido acusados por decenas de mujeres distintas. Y los hombres que no son famosos no tienen de qué preocuparse con lo que respecta a los "juicios públicos".

Atwood entiende el #MeToo como la consecuencia de un sistema legal que falla (falla a las mujeres) y arguye que la petición que firmó también es consecuencia de un sistema judicial que falla. Pero alerta de los peligros de que estos movimientos a los que llama "de purga", y cuya razón de ser comprende (aunque considera que, en algunos casos, se utilizan como excusa para implantar nuevas formas de opresión), pretendan, en vez de arreglar el sistema legal, sustituirlo. Explica que "la comprensible y temporal 'justicia vigilante' puede degenerar en un hábito de linchamiento en masa culturalmente solidificado, en el que el modo de justicia disponible es arrojado por la ventana, y las estructuras de poder extralegales son puestas en su lugar y mantenidas." (He de decir que me desconcierta un poco que hable de "estructuras de poder extralegales". ¿De qué estructuras de poder disponemos nosotras, exactamente?)

Ya al comienzo del texto, Atwood afirmaba que, para que el poder judicial pueda llegar a proteger los derechos de las mujeres, primero tiene que garantizar que se protegen los derechos humanos en general. Le doy el beneficio de la duda y supongo que se refiere a que el sistema judicial y las instituciones tienen que funcionar correctamente y dejarse de arbitrariedades para poder ayudar a las mujeres, pero expresado de este modo puede inducir a error. Las mujeres somos la mitad de la humanidad, así que ese "primero hay que garantizar los derechos humanos" suena a "primero hay que garantizar los derechos de los hombres". Y en cualquier caso, creo que lo de Galloway fue un caso excepcional (en el que presumiblemenre entraron en juego otros factores e intereses; quizás alguien de su universidad quiso quitárselo de en medio), y sin embargo lo que está dando a entender (o, al menos, la sensación que me dio tras la primera lectura) es que las instituciones fallan también regularmente a los hombres acusados de violencia machista. Imagino que no es exactamente lo que pretende transmitir, dado que reconoce que el #MeToo es síntoma de un sistema que ha fallado a las mujeres: reconoce ese agravio. Imagino que se refiere a que puede haber casos, como el de Galloway, en los que las instituciones actúen de forma manifiestamente injusta y que no por tratarse de un hombre acusado de agresión sexual deberíamos permitirlo. Que, si realmente queremos construir un mundo más justo para las mujeres, debemos tener un criterio que nos permita detectar y reconocer cuándo las instituciones están cometiendo una injusticia o irregularidad en el caso de un hombre acusado.

Su "tenemos que entender que las mujeres también son capaces de hacer el mal", aunque sea cierto, no deja de recordar al "no las pintemos como víctimas" cuando se pretende visibilizar la posición social de las mujeres y su consecuente situación de vulnerabilidad ante ciertas formas de violencia sistémica.

Las mujeres son, efectivamente, perfectamente capaces de cometer crímenes, pero vivimos en un sistema en el que la inmensa mayoría de crímenes son perpetrados por hombres e igual habría que analizar el papel de la socialización masculina.

El #MeToo nos pide que creamos, de entrada, a las mujeres que acusan. No que ese "juicio público" sustituya al sistema legal. En todo caso, que jueces y jurado -como la sociedad en la que viven- deje de verse influido por sesgos de género, deje de presuponer que la mujer miente, deje de abrazar la cultura de la violación (entendiendo, por ejemplo, que el consentimiento es revocable en cualquier punto del acto sexual).

Y mi pregunta del principio se mantiene:  Si el precio a pagar para que se empiece a creer por fin a las mujeres y se pueda atajar la violencia machista es que haya algún caso excepcional en que un hombre pague la repercusión social de ser considerado maltratador o acosador sin serlo, ¿consideramos que vale la pena, o no?


PS.
A lo largo del post he enfocado el caso de Galloway como una situación (que podría haber sido hipotética) en la que las instituciones cometieron aparentes injusticias (no permitirle defenderse públicamente) e irregularidades (no permitir que el público tenga acceso al informe de la jueza que lo absolvió) con respecto un hombre acusado de violación, sin con ello entrar a especular sobre su culpabilidad o inocencia, simplemente para argumentar que efectivamente debemos poder tener un criterio que nos permita reconocer que un determinado proceso no huele del todo bien y exigir detalles (a pesar de que el resultado sea que un hombre acusado pierda su trabajo), sin por ello renunciar a creer por defecto en el testimonio de las víctimas.


Edito:

Dado que algunos me habéis pedido que dé mi respuesta a la pregunta que planteo ("si el precio a pagar para que se empiece a creer por fin a las mujeres y se pueda atajar la violencia machista es que haya algún caso excepcional en que un hombre pague la repercusión social de ser considerado maltratador o acosador sin serlo, ¿consideramos que vale la pena, o no?"), diré que, a título personal, sí, considero que, dadas las excepcionales circunstancias, merece la pena que como sociedad creamos de entrada a la mujer que denuncia una agresión o maltrato, incluso aunque eso pueda en casos muy puntuales (recuerdo que el porcentaje estimado de denuncias falsas -en base al número de las que se han podido demostrar que sí lo eran- es ínfimo *) llevarnos a prejuzgar y encasillar como agresor o maltratador a alguien que resulte no serlo. Merece la pena simplemente porque es la única forma de hacer frente a la violencia machista, y porque las repercusiones de no creer a las mujeres que denuncian son mucho más graves de lo que la gente suele imaginar (como comento más abajo), y es una decisión que afecta a un número mucho mayor de mujeres inocentes que a hombres inocentes afectaría creerlas a ellas por defecto.

Pensadlo así: dado que la gran mayoría de denuncias son verídicas, estamos eligiendo entre:
a) permitir que cientos de miles de mujeres maltratadas, agredidas y violadas no sean tomadas en serio por la sociedad en general y sigan siendo tachadas (veladamente o no) de mentirosas y revanchistas; es decir, que no sólo no reciban el apoyo social y moral que necesitan sino que sean reprendidas, disuadiendo de este modo a futuras víctimas que no se atreverán a denunciar, y reforzando el miedo a denunciar de las que llevan tiempo callando (y este es el método mediante el cual se ha perpetuado la impunidad de la violencia machista)
o b) permitir que un porcentaje mínimo de hombres inocentes paguen la repercusión social de ser considerados como agresores o maltratadores por cierto número de gente (que, por razones obvias, será muchísimo menor en el caso de hombres anónimos que en el caso de celebridades).
Hablamos de mil mujeres inocentes pagando las consecuencias de que la sociedad -y, por extensión, las autoridades encargadas de asignarles medidas de protección- dude sistemáticamente de su palabra (llevando esto, en casos extremos, a poner en riesgo su vida) contra un hombre inocente pagando las consecuencias de que algunos de sus conocidos piensen que es un agresor o maltratador antes de que haya habido un juicio.
O lo uno o lo otro. Es una disyuntiva: no veo de qué forma podríamos evitar ambas.

Como he comentado en el post, en ningún caso estoy pretendiendo decir que alguien deba ir a la cárcel tras una acusación, sin un juicio de por medio (el sistema judicial ha fallado a menudo a las mujeres, pero la idea sería intentar reformarlo y, como he dicho, limpiarlo de presunciones y sesgos machistas). Hablo únicamente de nuestra respuesta como sociedad, de cómo considero que deberíamos reaccionar y tratar a la mujer que denuncia. Si por el motivo que sea alguien no es capaz de creer por defecto a las víctimas, o a una víctima en particular (sin tener pruebas sólidas que demuestren que miente), habría que pedirle, como mínimo, una equidistancia lo más genuina posible: ni afirmar ni negar.

*Algunos se amparan en el porcentaje de denuncias por VdG archivadas o sobreseídas, cuando eso sólo significa que no había suficientes pruebas concluyentes o que no se pudo demostrar con certeza y sin atisbo de duda que fueran verdaderas. Para mandar a alguien a la cárcel hay que tener pruebas sólidas que en muchos casos de VdG pueden no existir. Se puede leer del modo en que algunos lo hacen, pero también se puede leer como prueba de que en los juzgados el hombre acusado sí es inocente hasta que se haya demostrado lo contrario y que, a diferencia de lo que creen, no basta con que el testimonio de la víctima sea convincente o no parezca manifiestamente falso.



FEMINISMO 01: ¿Igualdad? - Vídeo y transcripción

16:09





Transcripción (con leves modificaciones):

En este vídeo voy a intentar arrojar luz sobre algunos de los malentendidos más comunes acerca del feminismo, así como a presentar como tal el discurso feminista. Lo llamo introducción, pero no porque sea simple, sino porque en este vídeo y el siguiente intentaré sentar las bases sobre las que luego ir construyendo el discurso, los conceptos a los que luego haré referencia en vídeos posteriores, en los que hablaré de temas más concretos. Como el tema de la custodia, o de cómo funcionan las denuncias por VdG, etc.

Voy a mostrar y rebatir también cosas que yo misma decía cuando estaba en contra del feminismo. Creo que es importante que la gente sepa que la inmensa mayoría de las actuales feministas no empezamos siéndolo, no fue nuestro punto de partida, sino que hemos pasado por todo un proceso hasta llegar a serlo; que prácticamente todas hemos pasado por una época en la que veíamos el feminismo con hostilidad y reproducíamos todos los prejuicios y tópicos que voy a tratar en este vídeo.

(Leer más)

Hilo + ampliación: el caso Angst/Kidhaustein.

7:50

En esta entrada me dispongo a recopilar todas las capturas, testimonios e información de que dispongo en relación a los comportamientos y actividades de Adrián, conocido en Twitter como @Annngst, @Aaaaangst, @Anzzzt, @_Anxius, y más recientemente @Kidhaustein. Este post es la continuación y ampliación de este hilo de Twitter.

ciberactivismo

Crítica a la Tercera Ola feminista y a la retórica "posmoderna" del ciberactivismo

14:27

Antes siquiera de tener nociones sobre feminismo radical ya tenía discusiones con otras feministas que, desde mi punto de vista, hacían análisis superficiales y autocomplacientes amparándose en la idea del empoderamiento. Una de las primeras cosas que entendí cuando empecé a formarme en el feminismo fue que este no debe "fiscalizar" a las mujeres; no debe pretender controlarlas, ni despreciarlas por ceñirse a los roles tradicionales y sucumbir a la presión social, sólo animarlas a cuestionarse por qué lo hacen y, en todo caso, a corregir eso por su cuenta y a su ritmo. Pero también me di cuenta de que bajo ese lema liberal de "cada mujer es libre de hacer lo que quiera", de repente habíamos renunciado a analizar críticamente, de repente todo era empoderante sin más; depilarse, maquillarse, llevar tacones, todo aquello que forma parte de la llamada "feminidad compulsiva". Les decía a algunas chicas "puedes depilarte y aún y así ser consciente de que no es una elección auténticamente libre e individual, y mucho menos empoderante o feminista" y me contestaban casi siempre con argumentos en la línea de "yo lo hago por mí, porque me gusto así, es mi elección y por tanto es feminista"; no parecía que llegaran a preguntarse por qué se gustaban más así.

Entendí que esto no iba de cambiar el fondo, sólo las formas, sólo el lenguaje. De hacer que lo misógino simplemente dejara de parecernos misógino. De crear nuevos términos para retorcer e invertir el significado de las palabras. Entendí cómo esto le hacía el juego al patriarcado. Cómo el feminismo pro-sex se centraba en el derecho de las mujeres a ser abiertamente sexuales, pero interiorizando inevitablemente las fantasías y esquemas propios de la sexualidad masculina hegemónica, "auto-cosificándose".

El discurso liberal sobre privilegios y opresiones confunde también el resultado con la raíz del problema. Por ejemplo, la bifobia se debe a la heteronorma (que beneficia al patriarcado perpetuando las relaciones de género y el modelo tradicional de familia nuclear), no a un "monosexismo", y que gays y lesbianas (que también sufren la heteronorma y la interiorizan) reproduzcan actitudes y prejuicios bifóbicos no les da ningún poder o privilegio real. No existe una clase "monosexual" históricamente coherente u organizada. Hemos llegado a un punto en el que "me discriminan por la misma razón que a ti, pero no me hacen esto concretamente" equivale a un privilegio. De este modo se dispersan individuos que en realidad forman parte de una misma clase, oprimida en base a lo mismo. Cuando dejas de pensar en etiquetas y subjetividades y vas a la raíz histórica y material de la opresión, todo se vuelve más claro. Es pensar menos en cómo me siento yo y más en clave de qué saca ganando la clase dominante con ello.

Algo que prima mucho en redes sociales como Tumblr es lo que llaman "identity politics", la política de identidad. Esto lleva a abusar de los argumentos de autoridad, de las falacias ad verecundiam y ad hominem; se pretende convertir cualquier afirmación o análisis que provenga de personas de colectivos oprimidos en una ley que el resto no pueda cuestionar. Esto es especialmente peligroso al venir de la mano de esta proliferación de identidades subjetivas, "posmodernas", que dependen únicamente de cómo se define uno; el "sólo nosotros podemos hablar de nuestra opresión (subjetiva)" da lugar a muchas trampas.
Soy la primera que cree que hay que tener en cuenta los sesgos implícitos y el hecho de querer conservar privilegios; sí creo que las personas blancas y los hombres, al hablar de racismo o machismo, acostumbran a decantarse inconscientemente por aquellos discursos que les benefician y que no les obligan a replantearse las cosas, me parece una reacción normal y entiendo que por ello sus aportaciones puedan (y deban) ser puestas en tela de juicio. También entiendo que al encontrarse en una posición de poder no deban liderar ni dirigir estas luchas (pues inevitablemente las acabarían secuestrando -se da un conflicto de intereses-, y ya tendemos inconscientemente a dar más crédito y prestar más atención a un blanco al hablar de racismo, lo cual es parte del problema). Pero eso no significa que a la hora de dar por bueno o malo un análisis o teoría política debamos fijarnos sólo en quién lo dice; más importante es que tenga consistencia interna, que se sostenga, en definitiva, que tenga sentido.

Pienso que es importante recordar que, más allá de los sesgos de las ciencias sociales, existe una lógica pura y dura que no entiende de privilegios y cuyas leyes se deben aplicar a todos por igual (y con esto no me refiero a la forma en que las clases dominantes llaman "razón" a su subjetividad). Pienso que cualquier teoría debe estar abierta a la crítica y el debate.

Una mujer es la única capacitada para hablar de la experiencia de ser mujer, una persona que no sea blanca es la única que puede hablar de qué se siente al sufrir racismo institucionalizado, y esos testimonios deben ser escuchados y respetados, pero una persona que forme parte de estos colectivos no necesariamente estará en lo cierto cuando haga un análisis político y hable de cómo funciona el mundo, puede estar equivocada también, y si sus teorías no se sostienen habrá que señalarlo. Tenemos que encontrar un equilibrio; priorizar y dar cobertura a la voz de los oprimidos y hacer un profundo ejercicio de autocrítica sin por ello decir que sí a todo de forma automática y casi condescendiente.

feminismo radical

Sobre el abolicionismo y el Modelo Nórdico

13:12

Antes de empezar, considero que es importante dejar claras las principales diferencias entre abolicionismo, prohibicionismo y regulacionismo.

Si echamos la vista atrás (hacia la Antigua Grecia, por ejemplo) comprobamos que las instituciones patriarcales jamás han buscado abolir o erradicar por completo la prostitución, al contrario; aunque en muchos periodos sí han preferido que esta sea clandestina y esté penalizada de puertas afuera (criminalizando siempre a la prostituta; prohibicionismo) para conservar ciertas apariencias. Durante algunos periodos de la Edad Media la propia Iglesia Católica consideró que la prostitución era un "mal menor": Agustín de Hipona sostenía que "si expulsas la prostitución de la sociedad, todo se desestabilizará a causa de la lujuria". En la actualidad el vaticano ha dirigido burdeles en secreto. Los mismos hombres conservadores y ultrarreligiosos que demonizan a las prostitutas (al considerarlas "indignas", pecadoras) no por ello han dejado nunca de ir a burdeles, no por ello han dejado de contratarlas, aunque las desprecien y las consideren mujeres de segunda categoría. Piden algo y tachan de "sucia" e "indecente" a quien se lo ofrece. Es la doble moral patriarcal habitual (que no se ve reflejada sólo en el caso de la prostitución), una mentalidad que se enmarca en la famosa dicotomía madre/puta: nos convierten en medios de producción (hijos, trabajo doméstico) y/o bienes de consumo (sexo). La idea es tener una casta de mujeres "dignas" y recatadas, "respetables", para adoptar el rol de esposa y madre; y a otra casta de mujeres, a las que considerarán sucias e impúdicas, para consumo "público" masculino. Tanto Friedrich Engels como Simone de Beauvoir o Kate Millett coinciden en señalar que el matrimonio monógamo (monógamo para ellas) y la prostitución son instituciones patriarcales históricamente complementarias.

El regulacionismo hace una lectura liberal y "progresista" de esto; ya no se criminaliza a la prostituta, se reivindica su autonomía y se habla de libertad sexual (en otro post comentaré por qué la noción neoliberal de "libertad" me parece engañosa) pero se ignora por completo el contexto. El debate se centra en lo individual, en casos concretos y excepcionales (normalmente en el mejor escenario posible), y pasa por alto la estructura. Olvida que mientras exista demanda de prostitución, es decir, mientras exista un modelo que normalice la compra de sexo, mientras se les enseñe a los hombres a creer que tienen derecho a comprar el acceso al cuerpo de las mujeres, existirá también trata y explotación para suplir esa demanda. El cliente que no pueda pagar a una prostituta de lujo pagará a una mujer de la calle. La mentalidad de ambos es la misma: tengo el poder de pagar a esta persona para que me satisfaga sexualmente. Ambas realidades, prostitución freelance y explotación/trata, se retroalimentan. (Y no, esto no significa, bajo ningún concepto, que deba hacerse responsables a las prostitutas freelance. Existe trata porque existe esa demanda de sexo por parte de hombres, y existe esa demanda porque nos encontramos en un marco social y económico que crea las condiciones para que esto sea así.)

El abolicionismo, por su parte, busca acabar con la demanda, intenta concienciar a la población sobre las relaciones de poder (tanto de clase como de género) que subyacen, y criminaliza y reprende a los clientes. No hay nada menos institucionalizado que señalar a los hombres y decirles "vosotros sois el problema". Las abolicionistas comprenden que hay una minoría de prostitutas que sí puede tener cierto margen de elección y unas condiciones relativamente adecuadas, que esté conforme con su trabajo; pero que mientras exista una forma de prostitución existirá la otra; que la prostitución no se da como un fenómeno individual y aislado sino que es consecuencia de un modelo de sociedad. Forma parte de un engranaje, y cada pieza afecta a las demás.
Al igual que con la cuestión del empoderamiento, lo verdaderamente importante para comprender en qué se diferencia la postura abolicionista de la prohibicionista es tener presente que se formula desde el feminismo, desde un feminismo que puede gustar más o menos, pero feminismo al fin y al cabo; y el feminismo es incompatible con la creencia de que existan mujeres dignas e indignas, de que una mujer pueda merecer más o menos respeto en función de su vida sexual. Por tanto creer que las feministas abolicionistas consideran "sucias" o "guarras" a las prostitutas, o que tienen algún interés en humillarlas, hacerles daño o acosarlas es, en el mejor de los casos, una confusión.

Lo que se suele reprochar a las abolicionistas es que no escuchen a las prostitutas. Sin embargo las principales activistas abolicionistas son ex-prostitutas y supervivientes de trata*.

Se suele decir que la regulación ayuda a las prostitutas ofreciéndoles una mayor seguridad y acabando con el estigma social. Sin embargo no está siendo así en Alemania, donde la prostitución está regulada; los precios han bajado, las condiciones parecen haber empeorado, y el tráfico ha aumentado (sin embargo los proxenetas se están enriqueciendo):
http://www.spiegel.de/international/germany/human-trafficking-persists-despite-legality-of-prostitution-in-germany-a-902533-2.html
http://s.telegraph.co.uk/graphics/projects/welcome-to-paradise/
http://themonkeycage.org/2013/06/legalized-prostitution-increases-human-trafficking/
http://partidosain.es/carta-abierta-de-una-ex-prostituta-alemana/
http://www.feministcurrent.com/2016/05/09/legalization-has-turned-germany-into-the-bordello-of-europe-we-should-be-ashamed/

Algunos estudios apuntan a que la regulación incrementa el tráfico: http://www.lse.ac.uk/geographyAndEnvironment/whosWho/profiles/neumayer/pdf/Article-for-World-Development-_prostitution_-anonymous-REVISED.pdf

La alternativa por la que apuestan las abolicionistas es el llamado Modelo Nórdico:
https://nordicmodelnow.org/what-is-the-nordic-model/
http://edition.cnn.com/2016/04/18/opinions/prostitution-nordic-model-peters/
https://nordicmodelnow.org/myths-about-prostitution/myth-regulation-makes-prostitution-safe/
http://www.feministcurrent.com/2016/03/15/survivors-say-the-nordic-model-is-our-only-hope/

La ley sueca sanciona a todas las personas que demanden servicios sexuales sin importar su sexo, siendo los hombres los principales compradores; es importante mencionar que esta ley no criminaliza a la víctima (trabajadora sexual), al contrario, bajo el amparo de la ley recibe asistencia integral del Estado. Por otra parte, en Suecia, a más de aprobar y aplicar exitosamente esta ley, y como parte de toda la estrategia de erradicación de la trata, se han desarrollado campañas de sensibilización dirigidas a mujeres y a hombres para frenarla. 
Fuente: ONU Mujeres Ecuador

El Modelo Nórdico ha reducido drásticamente el tráfico y la explotación en Suecia y ha mejorado las condiciones de las prostitutas:
https://mic.com/articles/112814/here-s-what-s-happened-in-sweden-16-years-since-decriminalizing-prostitution#.SqbEwDQUK
http://www.spiegel.de/international/europe/criminalizing-the-customers-prostitution-ban-huge-success-in-sweden-a-516030.html

Más información sobre el Modelo Nórdico en castellano:
http://www.radical.es/historico/informacion.php?iinfo=2349
http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/diez-mitos-sobre-la-prostitucion-la-trata-y-el-modelo-nordico
http://justicewomen.com/cj_sweden_sp.html

También se suele decir que las feministas abolicionistas son putófobas y/o que al criminalizar a los clientes les hacen daño a ellas indrectamente.
Esto es lo que dicen los clientes sobre las prostitutas en los foros:
https://twitter.com/TradxAbolicion/status/749249744426459136
http://los-hombres-invisibles.tumblr.com/
http://los-hombres-invisibles.tumblr.com/post/70007211012
https://twitter.com/TradxAbolicion/status/727998035653963780
https://twitter.com/TradxAbolicion/status/726835841620910080
https://pbs.twimg.com/media/CeaTm9iWwAIpDDN.jpg:large
https://pbs.twimg.com/media/CeafUz6WIAAi_p6.jpg
(Enlace directo a un hilo:) http://www.escortsxp.com/foro/escorts-callejeras/328483-monica-constituci-sent-estafado.html
https://nordicmodelnow.org/myths-about-prostitution/myth-punters-are-lonely-single-men/

(Contenido especialmente sensible aquí:)
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/739151885731528704
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/743170266612768768
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/742055711400726530
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/737356436460711936
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/739149082141315072
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/741729777233469441
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/740652277992542211
https://twitter.com/InvisibleChoice/status/739896343179755520

Estaría bien replantearse quién odia a las prostitutas aquí, quienes son el problema, quienes son los verdaderos responsables de la violencia ejercida contra las prostitutas. Pista: no son las feministas abolicionistas.


También se suele decir que sólo las prostitutas deberían tener voz en este debate. Pero si bien es cierto que deben ser ellas las que hablen de la experiencia en sí de ejercer la prostitución (cómo se sienten, etc), todas deberíamos tener derecho a opinar sobre las implicaciones y consecuencias de la prostitución como tradición e institución patriarcal, porque es algo que nos afecta a todas. Dado el marco socioeconómico, a prácticamente todas las mujeres nos han ofrecido o nos ofrecerán en algún momento tener sexo para conseguir un trabajo o para ascender. Toda mujer que pase por graves apuros económicos, o no tan graves, se planteará la posibilidad de prostituirse, o de ser escort, o de ser camgirl. Todas somos prostitutas en potencia.

autocosificación

Sobre el "empoderamiento" y la (auto)cosificación

14:28

Cuando una feminista radical se muestra crítica con el culto a lo "sexy" o con la forma en que se sexualiza a la mujer en los medios, muchas mujeres lo asocian rápidamente al discurso patriarcal que les dice que no pueden disfrutar de su sexualidad, que les impone la modestia y les enseña a creer que mostrarse las devalúa o las hace menos dignas, menos merecedoras de respeto.
La diferencia es que hacemos ese análisis desde una óptica feminista y en ningún momento pensamos en clave de "respetabilidad". Lo que les decimos es que debemos prestar atención al contexto.

Si no viviéramos en una sociedad que nos deshumanizara y nos viera como objetos de contemplación y de consumo, ¿pondrían a una presentadora a dar las campanadas semidesnuda, en invierno, mientras el presentador va vestido de pies a cabeza? Seamos honestas. La provocación está en los ojos del que mira, pero, ¿vamos a negar que todo cuanto nos rodea está pensado por y para los ojos del hombre que mira, el llamado "male gaze"? La persona cosificada por vestir de un determinado modo no tiene la culpa de que la estén cosificando en el sentido de que son los demás quienes están proyectando en ella sus propias fantasías y prejuicios, pero la cadena de televisión que decide que una presentadora se vista de forma "provocativa" lo hace precisamente porque sabe que la cosificarán y que eso da audiencia, no porque quiera reivindicar la libertad y autonomía sexual de las mujeres, aunque quiera vendernos la moto. La propia mujer "interioriza" esa cosificación sin querer (como si se viera a sí misma desde fuera) y lo convierte en parte de sí, porque se ha criado en un mundo donde eso es lo normal, le han enseñado a verse, entenderse y validarse a través de la mirada masculina.

Y no por volverte feminista dejas de tener esos malos hábitos, no por ser lesbiana dejas de buscar inconscientemente esa validación, y no por ser inteligente, fuerte e independiente eres inmune a años de socialización.

Lo que decimos es que verte guapa y sexy puede hacerte sentir bien, puede darte seguridad en ti misma, pero te estás moviendo dentro de sus reglas del juego. No te da un poder real, sólo una sensación de seguridad y alivio al haber suplido una necesidad casi compulsiva (ser agradable a la vista, no ocupar mucho espacio, ser "consumible") que otros han generado en ti para empezar (capitalismo y patriarcado). Es algo lógico y normal, y nadie debería culparte por querer sentirte bien. Pero no, no te emancipa. Ni a ti, ni a mí ni a nadie. Y sí, es una mierda reconocerlo.

Pero eso es todo lo que estamos pidiendo. Un análisis honesto que no se centre sólo en lo individual. Luego cada una tendrá sus historias personales, sus problemas de autoimagen y conflictos sin resolver, y cómo los resuelva es cosa suya.
Pero lo mínimo es que podamos ser críticas y preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, intentar que las siguientes generaciones no necesiten mensajes como "todas las tallas son sexys" para sentirse mejor, que no hayan convertido su atractivo sexual (según un determinado criterio establecido) en una pieza fundamental de su autoestima y su identidad.


asexualidad

Sobre la acefobia y el conflicto entre asexuales y LGTB (o por qué no creo en el privilegio alosexual)

14:57

La heteronormatividad sería la forma que tenemos de presuponer que las personas se deben sentir sexualmente atraídas por otras personas del sexo/género "opuesto" (simplificado para que nos entendamos). No sólo lo damos por sentado sino que desde niños lo asimilamos como el único modelo correcto. La suposición de que todo el mundo siente atracción e impulso sexual también forma parte de la heteronormatividad, de este modelo "correcto".
Beneficia al patriarcado porque perpetúa el modelo tradicional de familia y las relaciones de poder de género, además de asegurar la descendencia (y la cuestión de la descendencia y la herencia de bienes es uno de los pilares necesarios para explicar el surgimiento del patriarcado).

Un hombre asexual es ridiculizado porque la masculinidad tradicional prescribe que los hombres deben ser sexualmente insaciables, agresivos y dominantes, que un hombre que no lo sea es "menos hombre". Pero también se tacha de "menos hombre" al hombre homosexual, porque al sentir atracción por hombres se considera que está asumiendo el rol propio de la mujer (y claro, no hay nada más degradante que eso). Al hombre gay y al hombre asexual se les considera "menos" por la misma razón; por no ajustarse al modelo masculino. Castigar a los hombres que se salen de esa norma es una forma de asegurar la hegemonía masculina.

Una mujer asexual es tachada de "estrecha" porque nuestra sociedad entiende que el valor de una mujer reside en su función como "medio de producción" (hijos) y "objeto de consumo" (satisfacer sexualmente a los hombres). En muchos casos se cree que "se hace la difícil" y no se la toma en serio, pero esto es porque a las mujeres les han enseñado a creer que deben "hacerse las difíciles" para que las consideren merecedoras de respeto, por tanto es lógico que algunas elijan el celibato, o "esperar al adecuado", y que se confunda la asexualidad en las mujeres con esto.

Las personas asexuales se encuentran con la incomprensión y la invisibilización, lo cual trae consigo que la gente no les crea y a menudo no respete sus límites; lesbianas, gays y bisexuales se encuentran con la incomprensión y la hipervisibilidad, que les pone en el punto de mira y les convierte en el blanco de todo tipo de agresiones.

No tiene sentido analizar estas cuestiones en clave individual y sin fijarnos en a quién beneficia la heteronorma y por qué. No tiene sentido hablar de alosexismo, porque no existe una clase alosexual históricamente coherente, conformada tanto por heterosexuales como por gays, lesbianas y bisexuales. ¿Es realmente un privilegio que como gay o lesbiana la gente no invalide tu orientación -y esto es discutible- cuando es precisamente el hecho de que vean tu orientación como algo real y material lo que les lleva a agredirte y asesinarte?

Creo que es importante que se contemple y se tenga presente la existencia de la asexualidad y de un espectro asexual, de distintas formas de funcionar y de sentir; que deje de darse por sentado que todo el mundo quiere sexo y todo el mundo siente el mismo deseo. Pero es un error que esto se convierta en una cuestión de identidad, de autoafirmación, en un juego de etiquetas totalmente subjetivas e individuales. Que cualquier persona heterosexual que en general sólo sienta atracción sexual después de haber establecido un vínculo significativo -cosa que le pasa a muchísima más gente de lo que se suele creer, y que si bien te puede hacer sentir como un bicho raro NO constituye una opresión- pueda participar en e incluso liderar el movimiento LGTB.
Muchos gays, lesbianas y bisexuales tienen también una relación complicada con su sexualidad que fácilmente encaja en lo que se entiende por espectro asexual y en sus subtipos (demi, gris, etc), y llegados a este punto parece que al no etiquetarte automáticamente tienes algún tipo de privilegio alosexual. Esto simplemente no funciona así.