Sobre el movimiento #MeToo, la respuesta de Margaret Atwood y las "cazas de brujas"

15:50


Hace un par de días, la novelista Margaret Atwood, conocida y celebrada por obras como The Handmaid's Tale (y mujer que, por cierto, ha influido enormemente en mi forma de entender y teorizar sobre la autocosificación y la mirada masculina), estuvo en el ojo de la polémica al publicar este artículo defendiendo su decisión de firmar, en 2016, una carta abierta que supuestamente defendía a Steven Galloway, profesor de la Universidad Británica de Columbia, que fue acusado de violación y posteriormente despedido (la carta, más bien, defendía que se hicieran públicos el informe y los razonamientos de la jueza que llevó el caso, y que dictaminó que Galloway era inocente), y siendo crítica -y quizás algo alarmista- con el rumbo que está tomando el movimiento #MeToo.

Creo que es importante que en estos casos, como feministas, en vez de indignarnos y cerrar los ojos, intentemos leer y entender bien lo que se nos está criticando y reprochando. Porque puede que estas críticas aporten, en algunos casos, puntos válidos e interesantes.

Hay que recordar, si criticamos el #MeToo, que ninguno de estos hombres va a ir a la cárcel sólo por las acusaciones en sí -para ello tiene que haber un juicio, una investigación-, lo que estamos viendo es un "juicio público" (al que siempre se nos ha sometido a nosotras: mentirosas por defecto). Si el precio a pagar para que se empiece a creer por fin a las mujeres y se pueda atajar la violencia machista es que haya algún caso excepcional en que un hombre pague la repercusión social de ser considerado maltratador o acosador sin serlo, ¿merece la pena? Esa es la pregunta.
Y hablamos de ser considerado maltratador y/o acosador por algunos (y, sobre todo, por algunas), no lo olvidemos. Nadie niega lo de Weinstein, lo de Spacey o lo de Louis C. Clark, entre otras cosas, porque ellos mismos lo han reconocido. Pero mucha gente defiende y seguirá defendiendo a Johnny Depp, a Woody Allen, incluso a Chris Brown.

Ahora, retomando el artículo de Atwood: me parece que lo que pretende, sobre todo, explicar por qué decidió firmar una carta abierta llamada UBC Accountable (explico más adelante en qué consiste) y cuál fue el razonamiento detrás de esa decisión. Más que criticar al #MeToo, cuyo origen entiende, critica aquello en lo que teme que podría convertirse. Y entiendo su razonamiento, hasta cierto punto puedo llegar a compartirlo, pero me parece detectar algunos "errores" (¿o trampas?) en la forma de plantearlo.

Para empezar me desagrada su forma de empezar el artículo: poniéndose sarcástica e hiperbólica y comparando las críticas comprensibles y legítimas que le han hecho feministas (otras no habrán sido tan legítimas) con la demonización y caricaturización que ha sufrido a manos de medios machistas. No, no es lo mismo. Y el "oh, vaya, qué mala soy" burlesco no aporta nada.

Más adelante adopta un tono un poco más serio y explica de qué va todo esto. Nos cuenta que Steven Galloway, antiguo catedrático del departamento de escritura creativa de la Universidad Británica de Columbia, fue acusado de violación, y que la universidad salió en los medios nacionales antes de que hubiera una investigación e incluso antes de que el acusado pudiera saber los detalles de la acusación. Según explica Atwood, antes de que el acusado pudiera saber más, se le obligó a firmar un acuerdo de confidencialidad. Dice que la opinión pública, incluyéndola a ella, se quedó con la impresión de que este hombre era un violador en serie violento, que todo el mundo tuvo carta blanca para atacarle públicamente y que, dado el acuerdo que había firmado, Galloway no podía decir nada para defenderse. "A esto siguió un aluvión de injurias".

"Pero después de una investigación llevada a cabo por una jueza que duró meses, con múltiples testigos y entrevistas, la jueza dictaminó que no había habido agresión sexual. Galloway fue despedido de todos modos. La asociación de su facultad lanzó una queja, que aún continua, y hasta que termine, el público no podrá tener acceso al informe de la jueza ni a su razonamiento a partir de la evidencia presentada."
"Fue entonces", dice Atwood, "cuando se supieron los detalles del defectuoso proceso de la UBC y nació la carta abierta UBC Accountable" (la carta que ella firmó).

"Una persona justa se abstendría ahora de juzgarle como culpable hasta que el informe y la evidencia estuvieran disponibles. Somos adultos: podemos pensar por nosotros mismos, de un modo u otro. Esto es lo que los signantes del UBC Accountable han defendido siempre."

Atwood se queja de lo que llama "la estructura 'acusado y por tanto culpable'", y creo que esto es lo que ha cabreado -legítimamente- a muchas feministas que han leído su artículo. Porque parece insinuar, como el posmachismo, que esto es lo que está ocurriendo en la actualidad con los hombres acusados de violencia machista, cuando la realidad parece indicar lo contrario, más si en vez de hablar de la opinión pública nos referimos a las instituciones. Recuerdo una vez más que los famosos que han sufrido repercusiones son generalmente aquellos que han reconocido que las acusaciones eran ciertas o han sido acusados por decenas de mujeres distintas. Y los hombres que no son famosos no tienen de qué preocuparse con lo que respecta a los "juicios públicos".

Atwood entiende el #MeToo como la consecuencia de un sistema legal que falla (falla a las mujeres) y arguye que la petición que firmó también es consecuencia de un sistema judicial que falla. Pero alerta de los peligros de que estos movimientos a los que llama "de purga", y cuya razón de ser comprende (aunque considera que, en algunos casos, se utilizan como excusa para implantar nuevas formas de opresión), pretendan, en vez de arreglar el sistema legal, sustituirlo. Explica que "la comprensible y temporal 'justicia vigilante' puede degenerar en un hábito de linchamiento en masa culturalmente solidificado, en el que el modo de justicia disponible es arrojado por la ventana, y las estructuras de poder extralegales son puestas en su lugar y mantenidas." (He de decir que me desconcierta un poco que hable de "estructuras de poder extralegales". ¿De qué estructuras de poder disponemos nosotras, exactamente?)

Ya al comienzo del texto, Atwood afirmaba que, para que el poder judicial pueda llegar a proteger los derechos de las mujeres, primero tiene que garantizar que se protegen los derechos humanos en general. Le doy el beneficio de la duda y supongo que se refiere a que el sistema judicial y las instituciones tienen que funcionar correctamente y dejarse de arbitrariedades para poder ayudar a las mujeres, pero expresado de este modo puede inducir a error. Las mujeres somos la mitad de la humanidad, así que ese "primero hay que garantizar los derechos humanos" suena a "primero hay que garantizar los derechos de los hombres". Y en cualquier caso, creo que lo de Galloway fue un caso excepcional (en el que presumiblemenre entraron en juego otros factores e intereses; quizás alguien de su universidad quiso quitárselo de en medio), y sin embargo lo que está dando a entender (o, al menos, la sensación que me dio tras la primera lectura) es que las instituciones fallan también regularmente a los hombres acusados de violencia machista. Imagino que no es exactamente lo que pretende transmitir, dado que reconoce que el #MeToo es síntoma de un sistema que ha fallado a las mujeres: reconoce ese agravio. Imagino que se refiere a que puede haber casos, como el de Galloway, en los que las instituciones actúen de forma manifiestamente injusta y que no por tratarse de un hombre acusado de agresión sexual deberíamos permitirlo. Que, si realmente queremos construir un mundo más justo para las mujeres, debemos tener un criterio que nos permita detectar y reconocer cuándo las instituciones están cometiendo una injusticia o irregularidad en el caso de un hombre acusado.

Su "tenemos que entender que las mujeres también son capaces de hacer el mal", aunque sea cierto, no deja de recordar al "no las pintemos como víctimas" cuando se pretende visibilizar la posición social de las mujeres y su consecuente situación de vulnerabilidad ante ciertas formas de violencia sistémica.

Las mujeres son, efectivamente, perfectamente capaces de cometer crímenes, pero vivimos en un sistema en el que la inmensa mayoría de crímenes son perpetrados por hombres e igual habría que analizar el papel de la socialización masculina.

El #MeToo nos pide que creamos, de entrada, a las mujeres que acusan. No que ese "juicio público" sustituya al sistema legal. En todo caso, que jueces y jurado -como la sociedad en la que viven- deje de verse influido por sesgos de género, deje de presuponer que la mujer miente, deje de abrazar la cultura de la violación (entendiendo, por ejemplo, que el consentimiento es revocable en cualquier punto del acto sexual).

Y mi pregunta del principio se mantiene:  Si el precio a pagar para que se empiece a creer por fin a las mujeres y se pueda atajar la violencia machista es que haya algún caso excepcional en que un hombre pague la repercusión social de ser considerado maltratador o acosador sin serlo, ¿consideramos que vale la pena, o no?


PS.
A lo largo del post he enfocado el caso de Galloway como una situación (que podría haber sido hipotética) en la que las instituciones cometieron aparentes injusticias (no permitirle defenderse públicamente) e irregularidades (no permitir que el público tenga acceso al informe de la jueza que lo absolvió) con respecto un hombre acusado de violación, sin con ello entrar a especular sobre su culpabilidad o inocencia, simplemente para argumentar que efectivamente debemos poder tener un criterio que nos permita reconocer que un determinado proceso no huele del todo bien y exigir detalles (a pesar de que el resultado sea que un hombre acusado pierda su trabajo), sin por ello renunciar a creer por defecto en el testimonio de las víctimas.

Como he comentado en el post, en ningún caso estoy pretendiendo decir que alguien deba ir a la cárcel tras una acusación, sin un juicio de por medio (el sistema judicial ha fallado a menudo a las mujeres, pero la idea sería intentar reformarlo y, como he dicho, limpiarlo de presunciones y sesgos machistas). Hablo únicamente de nuestra respuesta como sociedad, de cómo considero que deberíamos reaccionar y tratar a la mujer que denuncia. Si por el motivo que sea alguien no es capaz de creer por defecto a las víctimas, o a una víctima en particular (sin tener pruebas sólidas que demuestren que miente), habría que pedirle, como mínimo, una equidistancia lo más genuina posible: ni afirmar ni negar.

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9 comentarios

  1. Te animo a contestar a la pregunta inicial y final que tú misma planteas, ya que supongo que tú tendrás tu propia opinión al respecto y ciertamente sería interesante conocerla.

    Entretanto, daré yo mi respuesta. Una de las premisas del movimiento #Metoo es cambiar la percepción popular sobre las mujeres que denuncian abusos sexuales. Afirma el movimiento que esa percepción suele ser de rechazo, incredulidad y desconfianza. Su objetivo, entiendo, es conseguir que esa actitud pase a ser de compasión, empatía y apoyo.

    Pero creo que hay un problema con su razonamiento. Trata de aumentar la compasión y la empatía, y para ello recurre a una problemática proposición: "debes creer que las personas que denuncian están diciendo la verdad, y por eso debes ser compasivo".

    Si aceptamos la diferencia entre creer y saber, entonces es razonable. Porque la realidad es que, como espectador, NO sabes la verdad. Existe una incertidumbre. Por poco compasivo que pueda parecer, esta es la verdad: tú no sabes si la denunciante está mintiendo o no. Por molesto que sea, es un problema que no puede evitarse en estas discusiones.

    Puede pedirse al espectador que de entrada crea a las víctimas, pero es un ejercicio quizá más útil considerar las fuerzas que van a ir en contra de esa creencia y tratar de minimizarlas. Pongo un par de ellas: la primera, obviamente, las personas son capaces de mentir. Cualquier cosa que digan es susceptible de duda solo por esta realidad.

    Contra esta no se puede hacer gran cosa, por desgracia, aunque diría que es una fuerza un poco vaga para este caso.

    La segunda es más concreta y poderosa: precisamente, los casos de acusaciones falsas realizadas con la perniciosa intención de destruir la vida de un hombre. Estos casos son capaces de despertar la indignación, el resquemor y la sospecha en el público, lo cual es una reacción razonable.

    Así pues, a tu pregunta sobre si "merece la pena que en algún caso excepcional un hombre pague la repercusión social de ser maltratador sin serlo", no solo no merece la pena, sino que es catastrófico para el movimiento y sus objetivos. Esos casos excepcionales no son daños colaterales en un rumbo que no obstante se mantiene firme hacia la justicia y la libertad. No! Son malditos torpedos nucleares lanzados al corazón del movimiento.

    En un movimiento que pretende reivindicar la credibilidad de las víctimas de abuso, ¿cómo pueden pasarse por alto falsas acusaciones? ¡Acusar en falso es, obviamente, lo que destruye tu credibilidad!

    En un movimiento que defiende la verdad, que la valora, que pretende sacarla a la luz, ¿cómo se puede ser indulgente con la mentira? O vas con la verdad por delante, o no vayas.

    Repito, las falsas acusaciones no son daños colaterales excusables. Considerarlas un pequeño daño necesario es incongruente con las raices del movimiento: sacar a la luz la VERDAD; y aumentar la credibilidad de las mujeres denunciantes.

    El precio de las acusaciones falsas no solo lo pagan los susodichos hombres. También lo paga el propio movimiento. Es uno de sus mayores enemigos.

    Un saludo.

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  2. El hecho de que dentro de círculos feministas suela creerse sistemáticamente a cualquier mujer que afirme haber sido víctima de abusos por parte de un hombre no sólo viene dado por la sororidad o la solidaridad. Hay que tener en cuenta dos aspectos importantes.
    El primero es la cultura de la violación: a los hombres se les incita a considerar a las mujeres como objetos de consumo y a relativizar el "no", la violencia sexual es estructural. Que un hombre viole a una mujer en este contexto social "tiene sentido", porque el sistema legitima este abuso. El feminismo entiende que esto es una realidad y actúa en consecuencia.
    El segundo es el juicio público al que se somete a cualquier mujer que se declare como víctima. Se la tacha de mentirosa, misándrica, exagerada, de estar buscando una fama que no podría obtener por sus propios logros. Teniendo en cuenta la suerte que han corrido estas mujeres, me pregunto: ¿por qué iba alguien a exponerse a esta misma situación por mero interés? Muchas víctimas reales ni siquiera son capaces de denunciar. Sinceramente, no creo que la fama que puedan obtener o la venganza que puedan llevar a cabo compensen el ser cuestionada y acosada por tanta gente.

    Está claro que existen casos de denuncias falsas, pero son minoritarios, y la visibilidad que no se les da por parte del movimiento MeToo se ve compensada por la atención que reciben por parte de círculos antifeministas (muy a menudo sólo se habla de ellos para desprestigiar a las mujeres, no por consideración hacia ellos).

    No, no debemos ser indulgentes con la mentira, y si descubrimos un caso excepcional lo lógico es hablar de ello y condenar la difamación. Pero no se nos puede exigir "conceder el beneficio de la duda" hasta el punto de provocar que las víctimas tengan demasiado miedo como para denunciar.

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  3. Y si ese precio significa despues el desprecio al movimiento de mucha gente? Que miles de personas dejen de tomar en serio ese problema y refuerce la mentalidad de la mentira? "Si son capaces de permitir o aceptar eso como no van a manipular cosas menores?"

    La respuesta es: vosotras (no tu, ni las mujeres, sino quien sea que acepte ese precio) vereis lo que haceis o defendeis, pero luego hay que responsabilizarse y asumir las consecuencias que tal vez no sean las esperadas.

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  4. Me alegra ver tu respuesta, Ayme. He de decirte que coincido con tu idea. Partiendo de que lo más probable es que existan más agresiones verdaderas que denuncias falsas, es razonable creer de entrada un testimonio de una mujer denunciante. Pura estadística.

    Sin embargo un par de cosas que no comparto. Tú puedes creer o no creer el testimonio, lo que tú llamas caso b) frente a caso a) (hay más opciones intermedias, como un sano "no tengo manera de saberlo"). Estas son tus opciones a nivel personal, pero a nivel social no estamos ni en un caso ni en otro, que es algo que me parece que se desprende un poco de tu post. La reacción de la sociedad es heterogénea, no única como si fuésemos una mente colmena.

    Me viene a la memoría la ínclita encuesta que hizo Nico Abad en twitter, preguntando a los usuarios si creían que la desgraciada Manada había cometido una violación o había sido sexo consentido. Antes de que tuviera que retirar el tweet por el aluvión de críticas, porque al parecer está mal preguntar a la gente su opinión sobre ese asunto, algún usuario hizo una captura y pude ver el resultado de la encuesta. Aproximadamente un 90% pensaba que había sido violación (hablo de memoria y sin más pruebas que mi propio testimonio).

    Escribo este caso por tu afirmación de que "la sociedad sistemáticamente duda de la palabra de las mujeres". Me gustaría saber qué datos te han hecho pensar de esta manera. Si se preguntase a la sociedad directamente, tal y como hizo Nico Abad (para lo cual debería dejar de ser tabú preguntar sobre este asunto), quizá encontraríamos algo interesante.

    Un saludo y gracias por la respuesta.

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  5. Lo extraño del planteamiento de Ayme es que si aceptamos que "hombres inocentes sean culpados sin pruebas" en pos de "aceptar necesariamente como verdad una denuncia hecha por una mujer". Pues, ¿qué pasaría si el hombre denuncia un caso de violencia intrafamiliar?
    ¿Tendría el mismo grado de credibilidad o sería automáticamente rechazado por el sólo hecho de ser hombre?

    No tiene porqué ser un caso de violencia entre parejas, sino que puede ser también agresiones a primogénitos o integrantes familiares.

    El problema es que si haces esta Apuesta de Pascal (Hombres inocentes van a la cárcel con el fin de evitar más tragedias hacia mujeres), estarías poniendo en controversia el Principio de Responsabilidad Penal del Autor, la Presunción de Inocencia o el Derecho a la réplica.

    Dado, que se presume que los varones acusados son necesariamente culpables ¿qué sentido, entonces, tiene el concepto de justicia que versa sobre la personalidad jurídica (persona moral)?

    Ahora me temo que realmente el feminismo actual está haciendo creer que el hombre o varón es un problema en la sociedad.

    Entonces, si aceptamos como verdad lo anterior, siendo el varón un problema que necesita ser solucionado, pues, sería pensar que nacer varón es ser sospechoso.

    Lo que afecta directamente la naturaleza de los niños.

    ¡¡Dios mio!! Si es así, no puedo más que decir que el feminismo se volvió loco.

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  6. No crees que estableces una correlación demasiado fuerte y directa entre "que la sociedad crea por defecto a las supuestas víctimas de violación" y "poner fin a la violencia machista". Es decir, desde un punto de vista de un análisis más "materialista" (y lo pongo entre comillas porque desde una perspectiva materialista pura las instituciones judiciales siguen siendo superestructura), lo importante no es si la sociedad cree o no a las mujeres, sino lo que hagan los tribunales y como se lleven a cabo los procesos judiciales. La sociedad no debe creer o dejar de creer a nadie porque ese no es su trabajo, y porque, aunque lo haga, la inocencia o la culpabilidad de alguien no depende de lo que la sociedad crea, sino de lo que dictamine un tribunal. Obviamente, los jueces forman parte de la sociedad, y por ello pueden verse ellos mismos influidos por los sesgos de género. Pero hacer más énfasis en el tema de la opinión pública que en la transparencia y objetividad de las instituciones jurídicas me parece empezar la casa por el tejado y quedarse en lo superficial. La pregunta aquí no es si merece la pena o no que paguen justos por pecadores con tal de terminar con la violencia de género. La pregunta, más bien, es si la opinión pública y los sesgos de género son causa o, más bien, consecuencia de fenómenos estructurales mucho más profundos. Como bien te he oído decir otras veces, el machismo e igual a misoginia+estructuras de poder. Teniendo esa fórmula en cuenta, qué es más útil: tratar de convencer a todos los misóginos y las misóginas de que dejen de serlo o eliminar las estructuras de poder que permiten que la misoginia se institucionalice? El problema del machismo no es que haya misóginos, sino que esos misóginos tengan poder e instituciones que los amparen. Creo que es un error metodológico, pero sobre todo político, centrarse demasiado en lo que la gente piensa. Un saludo.

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  7. Hola Ayme, te escribo porque soy un estudiante de segundo de bachillerato y hace tiempo que decidí que quería estudiar filosofía (y complementarlo con economía y política si me es posible). Uno de estos ámbitos en los que me quiero formar es en el movimiento feminista. Si es cierto que conozco y he leído algunos fragmentos de filósofas feministas, pero también te he visto y leído a ti. He aprendido mucho contigo, y la verdad es que me gustaría seguir aprendiendo desde una actitud crítica, sin dar por sentado el conocimiento de estudio que se me presente. Lo cierto es que de todo lo que he leído quien más me ha hecho cambiar, entender y razonar has sido tú. Por eso me gustaría seguir aprendiendo de ti, quisiera saber si tienes la intención o has pensado en algún momento en escribir un libro al respecto, porque yo estaría encantado de comprarlo. Y si no es así, te agradecería que al menos me dijeses de dónde te has ilustrado tú para pensar como lo haces ahora, ojalá puedas recomendarme qué leer y a quién leer.
    Te dejo mi correo por si lees esto y quieres contestarme por privado riskdaniel@hotmail.com

    Gracias de antemano.

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  8. Acabo de leer "Dejar marchar". Me da hasta vergüenza hablarte, porque me da mucho respeto la inteligencia. Pero me pregunto si ese enamorarse tan intensamente, ese no poder soltar, no es fruto de un sentimiento de vacío y soledad. En la vida en general. Y por ello cuando encuentras a alguien que crees que te entiende , con quien intimas, te aferras a ello como si tu vida dependiera de eso. Tienes la sensación de que ella podría ser tu felicidad. Con quien el Toc no es más que un llamar a la puerta que por fin puedes no escuchar. Y me pregunto, también, si el sufrimiento no es fruto tanto de la pérdida, sino de ese sentimiento de vacío y soledad. Si no deberíamos ir a la raíz del problema, que es ese, y buscar la felicidad en las cosas objetivamente viables, en lo que nos hace disfrutar y está materialmente disponible. Personas o actividades. Pero que puedan hacerse realidad. (Más allá del móvil.)

    Gracias por cada tweet y por cada vídeo. Gracias por compartir la parte buena de tener tu mente con todas nosotras.

    Ánimo, y suerte

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  9. Hola Ayme, podrías hacer un vídeo o una entrada de tu blog con el siguiente tema por favor, quisiera conocer tu opinión al respecto, gracias. https://radfemunidas.wordpress.com/2017/11/27/first-blog-post/

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