ciberactivismo

Crítica a la Tercera Ola feminista y a la retórica "posmoderna" del ciberactivismo

14:27

Antes siquiera de tener nociones sobre feminismo radical ya tenía discusiones con otras feministas que, desde mi punto de vista, hacían análisis superficiales y autocomplacientes amparándose en la idea del empoderamiento. Una de las primeras cosas que entendí cuando empecé a formarme en el feminismo fue que este no debe "fiscalizar" a las mujeres; no debe pretender controlarlas, ni despreciarlas por ceñirse a los roles tradicionales y sucumbir a la presión social, sólo animarlas a cuestionarse por qué lo hacen y, en todo caso, a corregir eso por su cuenta y a su ritmo. Pero también me di cuenta de que bajo ese lema liberal de "cada mujer es libre de hacer lo que quiera", de repente habíamos renunciado a analizar críticamente, de repente todo era empoderante sin más; depilarse, maquillarse, llevar tacones, todo aquello que forma parte de la llamada "feminidad compulsiva". Les decía a algunas chicas "puedes depilarte y aún y así ser consciente de que no es una elección auténticamente libre e individual, y mucho menos empoderante o feminista" y me contestaban casi siempre con argumentos en la línea de "yo lo hago por mí, porque me gusto así, es mi elección y por tanto es feminista"; no parecía que llegaran a preguntarse por qué se gustaban más así.

Entendí que esto no iba de cambiar el fondo, sólo las formas, sólo el lenguaje. De hacer que lo misógino simplemente dejara de parecernos misógino. De crear nuevos términos para retorcer e invertir el significado de las palabras. Entendí cómo esto le hacía el juego al patriarcado. Cómo el feminismo pro-sex se centraba en el derecho de las mujeres a ser abiertamente sexuales, pero interiorizando inevitablemente las fantasías y esquemas propios de la sexualidad masculina hegemónica, "auto-cosificándose".

El discurso liberal sobre privilegios y opresiones confunde también el resultado con la raíz del problema. Por ejemplo, la bifobia se debe a la heteronorma (que beneficia al patriarcado perpetuando las relaciones de género y el modelo tradicional de familia nuclear), no a un "monosexismo", y que gays y lesbianas (que también sufren la heteronorma y la interiorizan) reproduzcan actitudes y prejuicios bifóbicos no les da ningún poder o privilegio real. No existe una clase "monosexual" históricamente coherente u organizada. Hemos llegado a un punto en el que "me discriminan por la misma razón que a ti, pero no me hacen esto concretamente" equivale a un privilegio. De este modo se dispersan individuos que en realidad forman parte de una misma clase, oprimida en base a lo mismo. Cuando dejas de pensar en etiquetas y subjetividades y vas a la raíz histórica y material de la opresión, todo se vuelve más claro. Es pensar menos en cómo me siento yo y más en clave de qué saca ganando la clase dominante con ello.

Algo que prima mucho en redes sociales como Tumblr es lo que llaman "identity politics", la política de identidad. Esto lleva a abusar de los argumentos de autoridad, de las falacias ad verecundiam y ad hominem; se pretende convertir cualquier afirmación o análisis que provenga de personas de colectivos oprimidos en una ley que el resto no pueda cuestionar. Esto es especialmente peligroso al venir de la mano de esta proliferación de identidades subjetivas, "posmodernas", que dependen únicamente de cómo se define uno; el "sólo nosotros podemos hablar de nuestra opresión (subjetiva)" da lugar a muchas trampas.
Soy la primera que cree que hay que tener en cuenta los sesgos implícitos y el hecho de querer conservar privilegios; sí creo que las personas blancas y los hombres, al hablar de racismo o machismo, acostumbran a decantarse inconscientemente por aquellos discursos que les benefician y que no les obligan a replantearse las cosas, me parece una reacción normal y entiendo que por ello sus aportaciones puedan (y deban) ser puestas en tela de juicio. También entiendo que al encontrarse en una posición de poder no deban liderar ni dirigir estas luchas (pues inevitablemente las acabarían secuestrando -se da un conflicto de intereses-, y ya tendemos inconscientemente a dar más crédito y prestar más atención a un blanco al hablar de racismo, lo cual es parte del problema). Pero eso no significa que a la hora de dar por bueno o malo un análisis o teoría política debamos fijarnos sólo en quién lo dice; más importante es que tenga consistencia interna, que se sostenga, en definitiva, que tenga sentido.

Pienso que es importante recordar que, más allá de los sesgos de las ciencias sociales, existe una lógica pura y dura que no entiende de privilegios y cuyas leyes se deben aplicar a todos por igual (y con esto no me refiero a la forma en que las clases dominantes llaman "razón" a su subjetividad). Pienso que cualquier teoría debe estar abierta a la crítica y el debate.

Una mujer es la única capacitada para hablar de la experiencia de ser mujer, una persona que no sea blanca es la única que puede hablar de qué se siente al sufrir racismo institucionalizado, y esos testimonios deben ser escuchados y respetados, pero una persona que forme parte de estos colectivos no necesariamente estará en lo cierto cuando haga un análisis político y hable de cómo funciona el mundo, puede estar equivocada también, y si sus teorías no se sostienen habrá que señalarlo. Tenemos que encontrar un equilibrio; priorizar y dar cobertura a la voz de los oprimidos y hacer un profundo ejercicio de autocrítica sin por ello decir que sí a todo de forma automática y casi condescendiente.